sábado, 2 de abril de 2011

Los sucesos como foco de atención informativa

Si miramos los temas más comentados, o nos fijamos en aquéllos que antes captan nuestra atención, veremos que son los sucesos más escabrosos, más raros o simplemente peculiares los que antes lo hacen. Montse Quesada, en su capítulo dentro del libro “La especialización en el periodismo. Formarse para informar”, de Idoia Camacho, analiza y explica el tratamiento informativo que se le da, o se le debería dar, a los sucesos como foco de atención informativa.

A lo largo del capítulo, la autora recalca la diferencia entre el periodismo generalista y convencional del periodismo especializado es sucesos. “El objetivo profesional que persigue éste es el de explicar en profundidad los hechos que irrumpen en la actualidad diaria, activando procesos de documentación e investigación que permitan ofrecer una interpretación […] para dar respuesta a todos los interrogantes”.Y es que, los pasos que debe seguir el periodista en ambas modalidades son diferentes, teniendo que analizar, principalmente, las causas y los porqués de cualquier hecho informativo relacionado con los sucesos. La gran diferencia se encuentra en que el periodista debe tener todavía más presente su deontología, ya que este tipo de periodismo en profundidad requiere de más delicadeza por su parte. 

“El elemento más característico de los sucesos es, sin duda, la existencia de víctimas”, por este motivo, el periodista deberá enfrentarse a su trabajo con gran preparación psicológica y con humildad, teniendo en cuenta que va a tratar con familiares, amigos y con los propios actores de unos hechos nada agradables. Aquí se encuentra la principal diferencia deontológica que el periodista tendrá que plantearse y tratar, no sólo como parte de su profesión, sino como ser humano. 

Ahora bien, la teoría queda clara, pero ¿realmente respetan los medios de comunicación esta manera de tratar y de acercarse a los protagonistas de los sucesos? A lo largo de la historia de los medios de comunicación, en España tenemos sucesos polémicos y significativos que realmente dejan a la vista la poca sensibilidad con la que se acercan los periodistas a la información y a sus protagonistas. Además de la falta de deontología que guía su trabajo. Uno de los casos más polémicos fue el Crimen de Alcasser, a finales de los años 90. Desgraciadamente, este caso contó con todos los “ingredientes” necesarios que, según Montse Quesada, son necesarios para atrapar la atención de la sociedad y son susceptibles de ser elaborados periodísticamente: novedad, excepcionalidad, rareza, interés general y alcance público.

Por todos estos factores, y porque fue de los primeros crímenes más sonados en España, el tratamiento que se le dio fue realmente llamativo debido al morbo que el caso había despertado. Incluso, la misma noche en la que se descubrieron los cuerpos de las tres jóvenes, se emitió un programa carente de toda la sensibilidad y deontología que el asunto requería. http://bit.ly/cv7Afx En el vídeo se puede apreciar cómo el programa de televisión se aprovecha del dolor de la familia y los acompaña en los momentos más duros… ¿como parte de su labor como transmisores de la realidad o por puro morbo para mantener la atención de los espectadores?

Está claro que “los medios de comunicación serios y solventes no pueden dejar de prestarles atención, por lo que tienen de amenaza a la estabilidad de la sociedad”. Y más, sabiendo que la población, ávida de información y curiosidad, le presta el mayor interés y le ofrece mayores índices de audiencia. Siguiendo con el caso anterior, el morbo, escusado por la “precipitación del directo”, también se aprecia en esta crónica http://bit.ly/fR6XbC en la que el periodista se esfuerza por reflejar cada detalle, tanto, que el nivel de calificativos llega a rozar el morbo. Entonces, ¿dónde se encuentra el punto deontológicamente correcto entre información y sensacionalismo? 

Con el paso de los años, los medios de comunicación han sido, en algunos casos, algo más precavidos. Por ejemplo, el caso de Marta del Castillo sí que ha contado con los mismos ingredientes que captan la atención de medios y de la sociedad por la peculiaridad de las versiones de los acusados y por la desaparición del cuerpo de la joven. Pero en este caso, el tinte sensacionalista no ha sido tan acusado por parte de los medios. En cambio, el mes pasado volvió a salir a la luz el caso de la pequeña MariLuz, que en su día, también contó con una gran expectación y morbo por el carisma que despertaba la pequeña. Aunque las novedades del caso no sólo sirvieron para detener al autor de los hechos, sino que también, dio pie a la elaboración de reportajes de investigación sobre el caso llenos de interrogantes morbosos que reavivaban de nuevo la atención de una sociedad indignada http://bit.ly/gQ3GF7

Además del morbo y del sensacionalismo que despiertan los sucesos en la sociedad, la autora también sitúa la “alarma social” como una de las características principales de la información de sucesos. Todo ello, además de aumentar la atención por estos casos, debería obligar a los periodistas a extremar su labor, ya que no sólo pueden dañar la imagen, honor e intimidad de las personas, sino que también, pueden causar un gran revuelo en la opinión pública. Si las informaciones son altamente preocupantes para la sociedad en general, y además se publican sin contrastar, no cuentan con las fuentes necesarias o con la especialización que requiere el asunto, pueden provocar una alarma social en la población. 

Esta alarma social, en la que la deontología del periodista debería hacerle actuar con precaución a la hora de informar se podría reflejar en la actual crisis nuclear en la que se encuentra Japón. En un principio, la información puede quedar bastante lejos, ya que a la sociedad española no le afecta. En cambio, otro caso más sonado en 2003 fue el llamado “Asesino de la barajahttp://bit.ly/hBFKlO. Tal y como se afirma al final del documento, el desconcierto que causaba no saber quién era, ni cómo iba a actuar el asesino llamó la atención de muchos, pero también creó desconfianza entre la sociedad. Sucesos como éstos implican una gran labor por parte del periodista de investigación antes de confirmar cualquier noticia que conlleve a la alarma social.

Esta alarma social suele estar vinculada a acontecimientos violentos. Así lo define la autora: “El mal es un anzuelo que atrae multitudes y cuanto más violentos sean los hechos que acontezcan, mayor será el interés de la gente y mayor el apasionamiento con el que se comenten”. Estas palabras las hemos podido ver reflejadas en los desastres naturales de Japón. Las imágenes, tanto del terremoto como del tsunami, y la posterior crisis nuclear, parece que animaban a la sociedad a comentar y a esperar lo peor.
Según Montse Quesada, los medios excusan sus “fallos” en la necesidad de informar. La autora divide esta práctica periodística en dos tipos de necesidades informativas que demanda la audiencia y que el periodista debe cubrir:

- Necesidades objetivas: Lo que la audiencia tiene que saber.
- Necesidades subjetivas: Lo que a la audiencia le gusta saber.

Otro de los requisitos que la autora señala es el uso de fuentes especializadas. “Es a ellos a los que el periodista deberá acudir en primera instancia”. De esta manera, y con una labor de documentación previa, podremos resolver el “qué” y el “cómo” del suceso. La diferencia con el periodismo generalista, como ya he comentado anteriormente, es la profundidad de análisis. Para ello, el periodista deberá hacer uso de fuentes primarias personales, fuentes secundarias, fuentes convencionales primarias documentales y fuentes especializadas personales. “La relación que le periodista sea capaz de establecer con sus fuentes de información determinará la calidad de la información a la que finalmente acabe accediendo”. 

Finalmente, la autora concluye el capítulo con la especialización en otras materias para complementar la formación del periodista. Conocer el funcionamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, defenderse con el derecho penal, dominar un argot técnico o tener conocimientos de psicología, podrían ser materias que el periodista de sucesos debería plantearse para acercarse a una mejor formación en su ámbito.

De nuevo, la pregunta que surge del análisis deontológico de este capítulo sería: ¿qué debería primar en la información de sucesos: las necesidades objetivas o subjetivas? Desde mi punto de vista, aquí es donde se encuentra la línea entre la información y el morbo. Dependerá del grado de importancia que cada medio de comunicación conceda a una necesidad o a la otra para que se decante la balanza.

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