miércoles, 18 de noviembre de 2009

Malos aires en el Picarral


LOS MOLINOS 2 – AT. RANILLAS 2    
MALOS AIRES EN EL PICARRAL
El partido de 1ª Regional disputado el domingo entre la U.D. Los Molinos y el AT. Ranillas dejó un ambiente antideportivo.   
La batalla entre Los Molinos y Don Quijote quedó, esta vez, empate. La llanura de hierba de El Picarral acogió este domingo una épica cruzada entre el ingenioso hidalgo y sus gigantes. Los Molinos desplegaron todas sus aspas para conseguir acercarse a los primeros puestos de la clasificación, pero el Ranillas se defendió cabalgando sobre Rocinante. Durante los primeros minutos del partido, tanto Los Molinos como Don Quijote, salieron al campo de batalla bastante perdidos y tanteando al contrario. En esta ocasión, el hidalgo no deliraba y vio venir, en el minuto 10, la primera ocasión de su enemigo. Los Molinos realizaron una gran jugada que fue rematada por su jugador, Jorge Garrido, a bocajarro. Éste obligó al portero del Ranillas a hacer una parada in extremis.
Este primer susto sirvió al Ranillas para centrarse en la batalla. De esta manera, ordenó sus filas y tomó la iniciativa del partido. A partir de este momento, enlazó buenas jugadas que terminaron con peligro. Pero fue en una contra cuando Los Molinos emprendieron la cabalgada hacia el campo contrario, obligando al central del Ranillas a cortar el juego con una falta al borde del área.
De esta acción nació, en el minuto 20, el primer gol de Los Molinos. Un gran lanzamiento al palo largo obligó al portero del Ranillas a realizar una magistral intervención muy forzada. El propio rechace del portero dejó el balón muerto en el área pequeña. Fue entonces cuando el jugador de Los Molinos, Adrián, estuvo hábil y se adelantó a toda la defensa para rematar de cabeza con el portero todavía en el suelo.
Tras este primer impacto, el Ranillas echó sus líneas para atrás, lo que provocó que Los Molinos tuvieran varias ocasiones de gol. El equipo local, crecido con el gol, efectuó jugadas con grandes toques y mucho juego aéreo. Después de siete minutos de dominio del conjunto amarillo, el partido volvió a ser disputado entre los dos rivales.
El Ranillas despertó del shock, provocado por la primera embestida, y efectuó buenas contras. En una de ellas, los jugadores del Ranillas reclamaron al árbitro una existente mano dentro del área. El árbitro hizo caso omiso y no decretó la pena máxima correspondiente. Los aficionados, cansados de las desafortunadas acciones arbitrales, increparon al colegiado desde la grada. Antonio López, de 52 años, le gritaba: “¡Vaya criterio que tienes, árbitro!”.
En el minuto 36, el Ranillas realizó una jugada trenzada en la que consiguió el buscado empate. El central del equipo blanquinegro, Jony, robó el balón y se la cedió a su compañero, Soto. Éste hizo una gran jugada individual al colocarle un centro medido al autor del gol, el número 9, Jaime. El delantero visitante, una vez dentro del área, remató por el palo corto del portero sin que las aspas de Los Molinos pudieran evitarlo.
Con tablas en el marcador, y a escasos minutos del descanso, el juego se tornó más violento por parte de los dos equipos. Ambos ansiaban llegar al descanso con ventaja. El juego se llenó de agresividad y rapidez en las salidas. Este estilo facilitó al delantero del Ranillas, Didi, una clara ocasión de gol para anotar a su equipo el segundo antes de irse a los vestuarios. Pero falló.
Ambos grupos dispusieron de multitud de ocasiones. Muestra de esto fue una contra, en el minuto 40, del equipo local. La rápida acción pilló al equipo visitante bastante adelantado y Los Molinos tuvo una gran ocasión de gol salvada por el portero del Ranillas. La excesiva generosidad de un jugador de Los Molinos, al cedérsela a su compañero para que rematara, les privó de irse al descanso con un gol más a su favor.
La primera parte acabó con los dos rivales en el centro del campo. El empate técnico y las duras jugadas finales llevaron a los jugadores a los vestuarios con los nervios a flor de piel.
La segunda parte comenzó con los dos equipos mucho más motivados. Los aficionados no sabían que estaban a punto de presenciar la verdadera batalla épica. Se palpaban los rencores en el terreno de juego, lo que provocó una segunda mitad muy accidentada: lenta, con multitud de parones ocasionados por las faltas y oportunidades para ambos equipos. A raíz de una buena contra, en el minuto 15, el Ranillas creó una triangulación perfecta. David culminó la jugada materializando el segundo gol para los visitantes gracias a un fuerte disparo al palo largo. Era el 1-2.
La ventaja hizo que la herida en el equipo local, efectuada por la lanza de los visitantes, empezase a sangrar. A partir de este momento, el dominio corrió a cargo de un Ranillas crecido por el gol. Pero pronto el juego se convirtió torpe y lento por parte de los dos equipos. El partido se volvió insípido, y en el minuto 17, ambos equipos renovaron su artillería con un cambio cada uno. Con los relevos no varió el aspecto aburrido del partido y fue perdiendo intensidad.
Conforme se acercaba el final del partido, Los Molinos no iban a permitir que el Ranillas saliese airoso de su campo. Fruto de la desesperación del equipo local, el partido se hizo más agresivo. En una de estas acciones, Los Molinos lograron en el minuto 38 el tan ansiado empate a dos. Nacho fue el encargado de lanzar un libre directo de forma magistral que nada tuvo que envidiar a ningún videojuego. Un disparo a la escuadra del palo corto del portero del Ranillas, quien no pudo detener semejante cañonazo.
A partir de este momento, los dos equipos se conformaron con el empate y se dedicaron a realizar acciones extradeportivas. El árbitro fue incapaz de controlar la agresividad del partido. Ante esta situación, él mismo quiso ser el protagonista del encuentro con la expulsión, en tan sólo dos minutos, de dos jugadores del Ranillas. Estas dos tarjetas rojas dejaron al equipo visitante con nueve jugadores. Lo que obligó al Ranillas a rehacer sus filas echándose hacia atrás para mantener el empate. Jonatan Gracia, jugador del Ranillas expulsado, afirmó: “Mi expulsión ha sido justa pero se podría haber evitado si el árbitro hubiera parado las acciones antirreglamentarias que no quiso ver”.
El partido dejó un sabor amargo para los seguidores de ambos equipos. El ambiente caldeado por parte de los jugadores duró hasta su entrada al vestuario. Los Molinos no pudieron esta vez con Don Quijote, pero sus aspas repartieron un aire cargado de ansias de venganza.
Laura Martín López

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