CRÓNICA 03.10.09
Una fina línea y un disparo separa dos mundos: en el exterior, cámaras de fotos y de video, consejos agobiadores de última hora y mucho calor. En el interior: nervios, empujones, algún lloro y muchas ganas de correr.
Ambos mundos corrieron de la mano con el pistoletazo de salida. A las 10 de la mañana comenzó la cuarta edición de “La carrera de los niños”, que como cada año, organiza Simply Scorpio71 en el Parque Grande de Zaragoza. Esta vez, a la cita acudieron 900 participantes de entre 3 y 14 años, según datos de la organización del evento.

El aspecto habitual del parque cambió notablemente. Las bicicletas y los carruajes dejaron paso al doble de atletas que de costumbre recorren el lugar cada fin de semana. El pulmón de Zaragoza se sentía, todavía, más sano. Participantes y acompañantes dejaron de lado su rutina cosmopolita para dar un respiro a la ciudad.
Vestido para la ocasión, el parque lucía vallas azules que marcaban el recorrido. Tras ellas, aguantando la calurosa mañana, se encontraban padres, abuelos y hermanos. Cámara en mano seguían a sus pupilos para darles consejos de última hora. Por los alrededores, esperando a que llegase su turno, padres e hijos calentaban y estiraban cual “domingueros”. Pero era sábado.
Entre flores, árboles frutales y fuentes se respiraba un ambiente festivo amenizado por un speaker. El Pilar se empezaba a sentir y, como si de un entrenamiento se tratara, las jotas y la música de charanga acompañaban a los participantes que corrían en función del año de nacimiento.
Los primeros en atravesar la línea de salida fueron los mayores, los nacidos en 1994-1995, que recorrieron 1600 metros. Una longitud habitual para estos jóvenes, pero veteranos, del Club de Atletismo Scorpio71. Los chavales criados en sus categorías inferiores mostraron su espíritu competitivo de una forma muy profesional. Según fuentes de la organización del evento, los cadetes ganadores fueron Ana Lecha y Daniel Olid.
Conforme iba transcurriendo la mañana, la edad de los participantes disminuía y la distancia a recorrer también. El momento más esperado de la jornada tuvo lugar a las 13:00 horas. Los movimientos de las vallas y las instrucciones para que los padres despejaran la pista fueron los preparativos previos para el comienzo de la carrera de los más pequeños: los nacidos en el 2004 y posteriores.
Como en años anteriores, esta carrera fue la más numerosa. Doscientos sesenta niños y niñas esperaban su turno, y con ellos, sus fans incondicionales: padres, madres y abuelos.
Tras seguir las instrucciones de los coordinadores llegó el momento para los 140 chicos. Carreras de los padres para acercar a sus hijos a la salida, indecisiones de última hora y los nervios de los concursantes hicieron elevar la voz a uno de los coordinadores. Esta vez no habría pistoletazo, sino carpetazo, que anunciaría el comienzo del caos. Segundos de silencio y decenas de nombres se empezaron a corear al mismo tiempo que los padres seguían a cámara o corriendo a sus hijos.
Los consejos y miedos de algunas madres se hicieron en segundos realidad “Tú no empujes a nadie e intenta no caerte”. Pero algo falló. A los cuatro metros de la primera zancada, un conglomerado de lloros rodó por el suelo. Las heridas de guerra no pasaron de los típicos arañazos. De todas formas, sus ángeles de la guarda salieron en su auxilio.
Ambos mundos corrieron de la mano con el pistoletazo de salida. A las 10 de la mañana comenzó la cuarta edición de “La carrera de los niños”, que como cada año, organiza Simply Scorpio71 en el Parque Grande de Zaragoza. Esta vez, a la cita acudieron 900 participantes de entre 3 y 14 años, según datos de la organización del evento.
El aspecto habitual del parque cambió notablemente. Las bicicletas y los carruajes dejaron paso al doble de atletas que de costumbre recorren el lugar cada fin de semana. El pulmón de Zaragoza se sentía, todavía, más sano. Participantes y acompañantes dejaron de lado su rutina cosmopolita para dar un respiro a la ciudad.
Vestido para la ocasión, el parque lucía vallas azules que marcaban el recorrido. Tras ellas, aguantando la calurosa mañana, se encontraban padres, abuelos y hermanos. Cámara en mano seguían a sus pupilos para darles consejos de última hora. Por los alrededores, esperando a que llegase su turno, padres e hijos calentaban y estiraban cual “domingueros”. Pero era sábado.
Entre flores, árboles frutales y fuentes se respiraba un ambiente festivo amenizado por un speaker. El Pilar se empezaba a sentir y, como si de un entrenamiento se tratara, las jotas y la música de charanga acompañaban a los participantes que corrían en función del año de nacimiento.
Los primeros en atravesar la línea de salida fueron los mayores, los nacidos en 1994-1995, que recorrieron 1600 metros. Una longitud habitual para estos jóvenes, pero veteranos, del Club de Atletismo Scorpio71. Los chavales criados en sus categorías inferiores mostraron su espíritu competitivo de una forma muy profesional. Según fuentes de la organización del evento, los cadetes ganadores fueron Ana Lecha y Daniel Olid.
Conforme iba transcurriendo la mañana, la edad de los participantes disminuía y la distancia a recorrer también. El momento más esperado de la jornada tuvo lugar a las 13:00 horas. Los movimientos de las vallas y las instrucciones para que los padres despejaran la pista fueron los preparativos previos para el comienzo de la carrera de los más pequeños: los nacidos en el 2004 y posteriores.
Como en años anteriores, esta carrera fue la más numerosa. Doscientos sesenta niños y niñas esperaban su turno, y con ellos, sus fans incondicionales: padres, madres y abuelos.
Tras seguir las instrucciones de los coordinadores llegó el momento para los 140 chicos. Carreras de los padres para acercar a sus hijos a la salida, indecisiones de última hora y los nervios de los concursantes hicieron elevar la voz a uno de los coordinadores. Esta vez no habría pistoletazo, sino carpetazo, que anunciaría el comienzo del caos. Segundos de silencio y decenas de nombres se empezaron a corear al mismo tiempo que los padres seguían a cámara o corriendo a sus hijos.
El resto de competidores, sanos y salvos, pisaron la línea de meta 600 metros después de forma atropellada y desorganizada. Allí, la música de “La gallina turuleca” les daba la bienvenida. Los ilusionados pequeños se colocaban en fila india mientras buscaban con la mirada nerviosa a sus padres.
Mientras los chicos cargaban con su premio, en ocasiones más grande que ellos, las 120 chicas se preparaban para su turno mucho más sosegadas. Esta vez, ningún empujón, ningún atropello y ningún lloro se escucharon. Sólo los gritos de los padres y los ánimos del speaker amenizaban los metros finales.
“Decidles a vuestros papás que al año que viene os traigan a correr otra vez, y cuando seáis un poco más mayores, que os apunten a atletismo, ¿vale?”. Con estas palabras futuristas y esperanzadoras el speaker dio por concluida la prueba de los más pequeños. Además, para fomentar la práctica de este deporte y animar a los participantes se encontraban a pie de pista tres reconocidos atletas: Ana Villar, María José Poves y un hijo predilecto de las categorías inferiores del club anfitrión, Aitor Martín.
A las 13:00, tres horas después del pistoletazo de salida, los pequeños participantes abandonaban satisfechos el parque. Cada uno portaba su trofeo: una bolsa del supermercado patrocinador, que como si de una medalla de oro se tratase, protegían y mostraban orgullosos. ¿En el interior? Una camiseta, agua, fruta, refrescos, chocolate, zumo, una libreta… un gran kit para pequeños y futuros campeones del atletismo.
Fotografías: Laura Martín López
Fuente: Heraldo de Aragón
Laura Martín López
2 comentarios:
Laura está muy bien, el único fallo que veo es que no has escrito bien el nombre de mi equipo!! Scorpio71. jajaja un bso
Ups! es verdad! la primera vez lo he escrito bien y la segunda ya mal jeje. Sorry!
Publicar un comentario